Si algo me llamo la atención en este segundo aterrizaje en los países nórdicos es lo marcadas que son las estaciones climáticas. "Verano es el verano de Buenos Aires", dije mil veces en el viaje de Julio, aunque si mi memoria no me falla hubo una semana que pase en Roskilde con 30-32º de calor. A la semana siguiente ya usaba manga larga, y a la otra sweater.
Pero volviendo al verano de Buenos Aires, yo me pregunto "¿Y el invierno de Buenos Aires?". Tal vez estuvo y yo no lo viví, o tal vez existe cada vez menos por el calentamiento global, pero no se si será porque acá todo es nuevo o porque los dichosos países ricos con su wellfare también cuidan su medio ambiente pero la cuestión que es nunca me encontré con las estaciones tan marcadas, y para decirlo bien fuerte ¡ME GUSTÓ!
Cuestión que el día del cumpleaños de mi papá y de Maradona, 30 de Octubre, nos fuimos con Kat a pasar el día al bosque. Tomamos el subte/metro "C" por 20 minutos (pagamos 3 zonas, 33 kr, casi 7 U$$) y llegamos a un parque nacional, justo al lado de Copenhague, abierto para toda la sociedad.
Cuestión que el día del cumpleaños de mi papá y de Maradona, 30 de Octubre, nos fuimos con Kat a pasar el día al bosque. Tomamos el subte/metro "C" por 20 minutos (pagamos 3 zonas, 33 kr, casi 7 U$$) y llegamos a un parque nacional, justo al lado de Copenhague, abierto para toda la sociedad.
Sin ningún tipo de control, ni cajero, ni seguridad pasamos la puerta y a unos 30 metros nos encontramos con el primer grupo de venados. Es fantástico, los venados están sueltos y nadie les hace daño.
¡Qué lindos y que confianzudos! Ni se mosquearon por la cantidad de gente que había. Claro que en el momento que un turista italiano hizo ruido especialmente para ahuyentarlos, estos animales que suelen ser muy miedosos corrieron y me dieron esta toma.
Pero volvamos al otoño que es el verdadero protagonista. A medida que nos adentramos en el parque las distintas exposiciones de la naturaleza se plantaban frente a nosotros como cuadros o instalaciones artísticas.
La luz pegaba de costado y era muy muy suave, haciendo que todo se vea más lindo. Lástima que hacía un frío importante que obligaba a moverse para no congelarse, presagio de un crudo invierno.
Ahora sí, venados. Una vez que llegamos bien adentro en las praderas y pasamos varios grupitos de venados aislados llegamos a la gran concentración de la civilización animal. Una gran manada de más de 500 venados se esparcía como puntos negros en las praderas. Unos pocos junto a nosotros reclamaban mi atención fotográfica.
Llegamos hasta un pequeño castillo que estaba cerrado. En la puerta, la estatua de la foto, y afuera más venados. De allí emprendimos el camino de regreso porque se asomaba la oscuridad.
Si hay algo me empezó a preocupar ese día, y tenía razón en hacerlo, era la hora que estaba oscureciendo. ¡A las 5 ya era de noche y cada día se hacía más corto! La prueba...

















QUÉ HERMOSAS FOTOS!!!!!!
ResponderEliminarMe encantaron! Hermosas, Gabriel!
GRACIAS!!!!
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